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Derechos humanos Argentina
Por: Prof. Juan Carlos Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)* (Fecha publicación:13/11/2006)
Durante este fin de semana, la discapacidad se visibilizó a través de la 12º Caminata por la Integración, organizada por la AMIA y la Comisión de Discapacidad del Arzobispado de Buenos Aires, con una adecuada cobertura periodística en los multimedios y una generosa publicidad oficial por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, quien, junto a una empresa, auspiciara este evento. Pero también, con muchísima menos difusión, de la mano de una anti-muestra, o anti-exposición, en las puertas de la Dirección General de Museos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se reflejó la cruda realidad por la cual atraviesa la gran mayoría de las personas con discapacidad en nuestra Ciudad.
Sin dudas, estos dos eventos nos revelan coincidencias y contradicciones con respecto a la situación socio-económica de un colectivo sistemática e históricamente postergado e invisibilizado, gracias a la indiferencia social y al síndrome de irrelevancia imperante en los ámbitos estatales.
Por lo primero, se impone rescatar el reclamo sistemático por una efectiva vigencia de los Derechos Humanos de las personas con discapacidad. Una caminata, cuyo leitmotiv fue la inaccesibilidad del transporte automotor de pasajeros, destinada a seguir constituyendo un clásico evento porteño, cuya finalidad es la de mediatizar la presencia de las organizaciones convocantes, las mismas que integran la Comisión de Seguimiento de la Ley Nacional Nº 25.280, ratificatoria de la Convención Interamericana contra Todas las Formas de Discriminación hacia las Personas con Discapacidad, pero remarcando algunos de los claros y evidentes incumplimientos de la normativa vigente por parte del Estado; por otro lado, una muestra, un collage de imágenes y de fuertes reclamos desplegado por el enfermero Julio Marecos; quien, aún hoy y contando con sentencia firme, todavía sigue bregando por su incorporación dentro del cupo del 5% para la Administración Pública de la Ciudad, de acuerdo a lo establecido por el art. 43 de la Constitución de la Ciudad, reglamentada por la Ley Nº 1502 y su decreto reglamentario.
Si analizamos la naturaleza de los hechos y sus organizadores, junto con los auspicios o apoyos generados por cada uno de ellos, nos topamos con lo segundo; es decir, con las claras contradicciones. El ejercicio de la caminata de Plaza del Congreso a la Recoleta posibilitó la presencia de las organizaciones y funcionarios en materia de discapacidad con el fin de mediatizarla pero también resultó una demostración de la imposibilidad de las organizaciones para escapar de la sombra del Gobierno Nacional y del Gobierno de la Ciudad, éste último auspiciante del recorrido y uno de los más fieles incumplidores de la normativa vigente, junto a la Nación, quien se viene presentando en sociedad con su publicitada Actitud Buenos Aires. Entonces, podríamos preguntarnos: ¿qué actitud tiene este gobierno con la situación de las personas con discapacidad? y responder, sin dudas, ninguna... Salvo los generosos subsidios a las organizaciones que le son funcionales a la finalidad de seguir postergando la vigencia de los Derechos Humanos de un colectivo vulnerable desde hace tiempo y la presencia para intentar relativizar los claros incumplimientos en materia del cupo laboral, entre otros, nos encontramos ante la evidente pasividad de un Ejecutivo al cual le importa más mostrarse con cantantes de la talla de Arjona, antes que atender las necesidades impostergables de los ciudadanos y de las ciudadanas con discapacidad de la Ciudad. Con respecto a la bien definida anti-miuestra, el poder intentó desalentarla mediante la visita de los funcionarios, como la Dra. Mónica Bianchi, Directora General de Discapacidad de la Ciudad; el Sr. José Luis Acevedo, Sub-Director de la misma dependencia y del Presidente de la Comisión para la Plena Participación e Integración de las Personas con Necesidades Especiales, Sr. Antonio Cóppola, quienes nada resuelven en aquellos casos donde existe una sentencia firme como los de Julio Marecos y Fernando Kuzis o en otros, donde se están por sustanciar concursos en los cuales no está previsto el procedimiento para cumplir con el cupo laboral, pese a la existencia de la normativa que así lo establece.
Entre luces y sombras, entre festivales y derechos conculcados, dos hechos nos vienen a demostrar la continuidad del paradigma neoliberal a pesar de una normativa digna del Primer Mundo, aquél que proclamaba Carlos Menem. La subsistencia del paradigma médico, el que sigue apostando a la rehabilitación permanente de la persona con discapacidad, antes que alentar a su autonomía y del económico, plasmado en la continuidad del modelo, que estipula que solamente come el que produce, junto a una escasa formación laboral para la inserción socioeconómica, nos siguen revelando una combinación fatal porque ambos confluyen en una praxis destinada a continuar el sendero marcado por Esparta en la Antigüedad: arrojar a los niños defectuosos por el precipicio... Claro está, al precipicio de la desantención y de la desigualdad generada por las barreras políticas, económicas y sociales.
Pareciera ser que la discapacidad es un crimen que debe pagarse con la vida. Entre el inconsciente colectivo y el pensamiento de la dirigencia política y social, el ideario sigue girando alrededor de la consideración que la atención de este colectivo vulnerable es un gasto irrecuperable cuando, en realidad, no lo es. Si el 90% de los sujetos con discapacidad y en edad activa tuviese la formación y la oportunidad de trabajar para su subsistencia, no haría falta otorgar subsidios pero las necesidades políticas son otras...
Con la indiferencia social y estatal, se refuerza el armado del sistema clientelar y amiguista de los últimos tiempos para conformar un círculo vicioso y perverso de la pobreza y de la discapacidad. Cuando la sociedad y el Estado siguen en la tesitura de seguir sustentando los valores neoliberales, junto al hambre, los accidentes laborales y viales, se convierten en los fieles ejecutores de un genocidio invisible.
A 20 días de un nuevo Día Internacional de la Persona con Discapacidad, la realidad se hace presente para mostrarnos que, sin balas ni bombas, se ha elegido perpetuar la pobreza y la indeterminación de los sujetos de un colectivo postergado con el fin de seguir perpetuando los viejos privilegios que la ciudadanía toda conoce. Lo peor de este esquema político, económico y social es que constituyen conductas rayanas con la discriminación negativa para llevarnos a la construcción de una sociedad deshumanizada, cuya población, gracias al circuito que hemos mencionado, corre el serio riesgo de disminuir su población económicamente activa mientras deja librada a su suerte a la población que actualmente se encuentra con alguna discapacidad.
Los Derechos Humanos no empiezan y terminan con las aberraciones del pasado, con sus 30.000 desaparecidos; incluido José Poblete, promotor de la primera norma destinada al empleo público de las personas con discapacidad, ni con este presente marcado por la desaparición de Jorge Julio López. En rigor de verdad, teniendo en cuenta la crudeza de lo que se advierte en las calles de la Ciudad de Buenos Aires y de la Argentina toda, podemos seguir sosteniendo que las personas con discapacidad también están desaparecidas y esa, sin dudas, es 'la verdad de esta historia', la que muchos prefieren ignorar y otros, directamente, no ver...
envio juan carlos sanchez, argentina
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